Cada vez es más peligroso ser periodista en Colombia

Ya son tres los periodistas asesinados este año en Colombia. Las amenazas y ataques a la prensa siguen en aumento. ¿Qué hay detrás de estos atentados a la libertad de expresión?

Pese al acuerdo de paz, la presencia de lo grupos armados siguen siendo una amenaza para los periodistas en Colombia.

Rafael Moreno indagaba, investigaba, metía el dedo en la llaga. Rafael Moreno era periodista y eso le costó la vida. El pasado 16 de octubre fue asesinado en Montelíbano, Colombia, donde vivía y reportaba. Es el tercer periodista asesinado en Colombia este año por ejercer su oficio, por ser periodista.

Colombia sigue siendo uno de los países más peligrosos del continente para los informadores. La organización Reporteros Sin Fronteras clasificó en 2022 a Colombia en el lugar 145 de 180 en su índice de libertad de prensa. En 2021, ocupaba el puesto 134. Según los datos de la ONG, solo en Nicaragua, Venezuela, Cuba y Honduras la libertad de prensa corre más peligro.

«Desde el año pasado, ha habido un aumento muy significativo en el número de amenazas contra periodistas, sobre todo en regiones alejadas a las grandes ciudades”, cuenta en entrevista con DW Jonathan Bock, director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP). En estas regiones «ya no hay garantía para el ejercicio periodístico, las fuerzas armadas controlan qué se publica, quién lo publica y amenazan a las voces más independientes.”

Nuevas formas de violencia

Una de estas voces se llama Laura Ardila. Lleva 20 años ejerciendo como periodista, durante muchos años en la capital, Bogotá, y desde 2015 en el Caribe colombiano, donde creció. Cuenta historias de poder y de corrupción, y conoce de primera mano la realidad de la labor periodística en lo que ella llama «la Colombia periférica”. «En Bogotá uno se siente protegido de muchas maneras: con la institucionalidad, con las condiciones salariales, las condiciones administrativas”. Aunque sigue trabajando para un medio que tiene su sede en Bogotá y por eso se siente protegida, ha sido testigo de intimidaciones.

«Yo estaba haciendo una investigación sobre unos personajes de la contratación en el Caribe. Tres motos con hombres armados se acercaron a mí, me abordaron en la calle y me robaron mis libretas de apuntes”, cuenta Ardila. En otra ocasión, crearon una cuenta de Instagram haciéndose pasar por ella, y comenzaron a enviar mensajes intimidantes. Según la periodista, la forma de las agresiones ha cambiado: ya no apuntan sólamente al aniquilamiento físico, sino también a un aniquilamiento moral de los periodistas.

Para Diego García Ramírez, profesor de Periodismo y Opinión Pública en la Universidad del Rosario, esta desigualdad entre la libertad de expresión en las ciudades y en las zonas rurales es «un mal histórico del sistema mediático centralizado de Colombia». Los medios de comunicación se centran en las grandes ciudades y están en manos de unos pocos propietarios. Según el experto, eso crea desprotección para los periodistas en zonas rurales, que de por sí están mas afectadas por conflictos territoriales y violencia por parte de grupos armados, creando silencios informativos. De 994 municipios mapeados por la FLIP, 578 corresponden a zonas silenciadas, donde ya no existen medios de comunicación que produzcan noticias locales.

Silenciar el cuarto poder

Esto también es fruto del efecto inhibidor y de autocensura que crea el incremento en amenazas a periodistas: la FLIP registró 172 amenazas a periodistas en 2021, el año anterior fueron 152. Los expertos observan que este agravamiento tiene que ver con la dinámica que han tomado las confrontaciones entra grupos armados, que muchas veces tienen «como objetivo los medios independientes, los medios comunitarios, esas voces que advierten de la presencia de grupos armados o sobre casos de corrupción», dice Jonathan Bock.

Pero hay otro desarrollo clave: la estigmatización y desacreditación de la prensa por parte de gobiernos locales y funcionarios públicos. «Los personajes públicos, que son los que están llamados a garantizar la libertad a respetar, digamos la diversidad de opiniones y de periodismo, se han convertido en unos agentes que coartan la libertad de prensa”, afirma el profesor García Ramírez. Solo los mensajes favorables de las autoridades, la diversificación del paisaje mediático y una reforma de la protección a periodistas pueden aliviar la situación actual.

Mientras tanto, la periodista Laura Ardila no piensa rendirse. Junto con su equipo del medio La Silla Vacía, está trabajando para continuar la investigación de Rafael Moreno, honrar su memoria y publicar esa nota que él nunca pudo terminar.

D.W. de Alemania

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